lunes, 19 de noviembre de 2012

De mis mil y una vueltas para logra la cita de revisión del carro.


Que marca es marca y la garantía y atención es un estándar a nivel mundial, pura caspa, queridos señores de mercadeo, publicistas y especialistas, el servicio irá siempre de la mano de la cultura que la elabora. Definitivamente nunca será lo mismo una hamburguesa Mc Donalds  en cualquier parte del mundo y ellos que son los maestros de las cadenas, ahí si que mucho menos Kia podrá mantener su buena cobertura y servicio aunque sea hablando en términos de un mismo territorio, es decir dentro del mismo país.

Sobre la cultura de servicio al cliente bogotana y otras gastríticas situaciones, desde que llegué acá, a mi capital, he entendido claramente porque somos y seremos un país “en vía de desarrollo”, “un país subdesarrollado” o cualquiera de los diferentes demagógicos adjetivos calificativos para los que no estamos dentro de una “economía sólida”, para los que nos tocó el plato con menos carne o que nos alimentamos con las harinas de la torta, aunque los insumos para hacerla salga de nosotros.

De los fenómenos que me han llamado la atención hasta ahora en la capital se encuentra el del tiempo, acá el tiempo real no funciona, si tu dices a las 3 quiere decir a las 4, si la gente llega a una cita puntual y decides atenderlos de forma puntual te ven medio rayado, me ha tocado ver como proveedores deben esperar hasta una o una hora y media a ser atendidos, acá nadie se carga afán de puntualidad prestos a las mil justificaciones que ya son de conocimiento general. Que la ciudad es un caos, que los desplazamientos son largos, tomar el taxi es difícil primero porque pasan todos llenos y segundo porque los que van vacíos no te llevan a donde necesitas si no a dónde ellos quieren con la pregunta: “¿sumercé para dónde va?”… ah no, ¡hacia ya no voy! (a ver estás trabajando o vas de camino a un lugar y me ibas a hacer un favor). Que el transmilenio está muy lleno. Que el trancón es todo el día porque “aquel” cambio a su amaño la restricción. Y de este modo la situación de vida “para hacerla tolerable” se convirtió en una excusa constante y en vez de entender la situación para generar acciones y ser funcionales, todos prefirieron hacerse parte activa del caos, entrando en un ciclo de atracción de más y más caos, hasta procurarse todos una continuidad de acciones que generan una cotidianidad ulcerosa.

Ya perdido el respeto por el tiempo del otro de forma presencial, en la translación a los medios de comunicación, lo no presencial: un teléfono, internet o cualquier medio de comunicación que te permite evadir con más agilidad, ahí, si se vuelve un fenómeno particular. A lo que me refiero lo explicaré por medio de la consecución de la cita para la revisión de los 20.000 km. del carro, éste, será el ejemplo por reciente pero no por único, entre hechos aislados en las diferentes necesidades de servicios que he teniendo que resolver todas terminan en el mismo estado de cierre.

Desde finales de la semana pasada empecé con la sencilla acción: levanto el teléfono, marco a KIA, contestan el teléfono, genero la cita, cuelgo, voy a la cita. Día 1: llamé todo el día a tres centros Kia diferentes y nunca atendieron el teléfono. Día 2: llamé todo la mañana a más diferentes centros Kia, intentando con todas las extensiones, ya no solo con la de solicitud de citas, ¡bien, contestaron!: comuníquese al teléfono xxx xx xx acá no generamos las citas uh uh uh. Todo lo anterior de mala gana y sin darme la opción de hacer alguna pregunta. Entonces ya con el inicio de úlcera estomacal marco el nuevo número que me dieron en el cual no contestan. Día 3: al pensar en la acción (llamar a Kia) mi estómago se calienta, marco toda la mañana y no pasa nada, como es viernes decido no insistir más y pasar el sábado por un centro Kia. Día 4: paso por un centro Kia, si claro señora usted debe llamar al teléfono xxx xx xx, pero es que llevo llamando toda la semana y no contestan, entonces vaya hasta allá y dice eso. Día 5: Llamo a Kia por fin contestan, no señora, acá, no es donde se generan las citas, debes llamar a rrr rr rr. Lo bueno del día 5 es que aparentemente es el día de contestar el teléfono marco rrr rr rr y ya hecha toda una “iguaza” pido la “hp” cita, con toda la grosería que se genera en las bocas, por las úlceras creadas con laboriosidad. Entonces esa persona que ya si me iba atender, termina atendiendo a una “iguaza” de mala gana. Cerrando el círculo del mal trato y creando el estado de cierre.

Así comprendo que no nos quedan más opciones que el permanente estado en vía de desarrollo, en el que preferimos vivir con excusas para capar la realidad, en donde es más fácil vivir culpando a lo externo que asumir nuestras propias acciones y así sea, viviendo maluco, nos acomodamos y rellanamos en el estado de confort de la desobligación.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Lo que son 5 minutitos más en Bogotá.


Actualmente me encuentro en un conjunto residencial al norte de Bogotá, que por su tamaño y ubicación tiene una ruta propia que se encarga de llevar a sus residentes hasta el destino más cercano de acceso fácil al transporte, ésta ruta es un circuito continuo que pasa cada media hora y hoy he perdido el carro de las 6 a.m., al llegar al paradero a las 6 y 5 minutos... pues bueno… camino, hasta la siguiente portería y ellos se comunican por “wokitoki” entre todos para verificar por dónde va la ruta, ya no hay nada que hacer, debo esperar a la de las 6 y 30 y mientras tanto les pido el favor de que me ubiquen un taxi, de ahí en adelante oigo como M1 se comunica con M2, M3 y así, en una caso infinito de: si pasa un taxi por allá envíelo a la portería 1 / ERRE / si de alguna portería sale un taxi envíelo / ERRE / se solicita otro móvil para la portería 3 / ERRE / acaba de pasar uno pero es sordo / ERRE / silbo y no me miran / ERRE / ahora si se formó el trancón / ERRE / la Boyacá no se mueve / ERRE / empezó la hora del tráfico / ERRE / no pasa nada vacío / ERRE. 

Y ya es hora de subirme al carro de la ruta, para que me lleve en donde ya se, que no me espera nada ágil, así que me bajo del carro y luego de unos no muy esperanzados intentos de tomar un taxi, decido montar por primera vez en Transmilenio como un habitante más de Bogotá, pues ya me había subido como turista y recorrer la ciudad con uno o el otro chip, es diferente.

Ahora ya se todas esas cosas que te dicen los otros habitantes, esos “secretos de la ciudad para sobrevivir”, entonces mi cerebro primero hace un escáner de mi misma y me dice: ohh y justo hoy te pusiste el bolso que no tiene cierres, y estos taconsotes para ese camino tan largo parada y usas vestido para ir tan cerca de la gente, recuerda celular bolsillo derecho en el pecho, que le pase por encima la tira del bolso, mano derecha sobre celular no te lo vayan a sacar y mano izquierda cerrando el bolso que va girado hacia delante.

Y Llega el H15, unos 6 esperamos frente a la puerta doy una mirada rápida identifico a un trabajador que bajó en la ruta, un chico joven pero que, o sea, con su mirada de popo quería decir todo el tiempo que es 30 estratos más que el resto, el cual también bajó en la misma ruta en la cual llegué hasta acá y otras personas todas muy altivas, entonces me digo por lo menos este lote que entrará a la vez, se ve aseadito, menos por el chico de buso sucio y zapatos rotos y el de pijama con zapatos crocs, que si va a tomar turno pues debe estar bien pero si viene de turno cuanta enfermedad, virus y bacteria deberá traer pegada. Se abren la puertas, nadie baja, aparentemente ya no cabe nadie más y ahí vamos pa´dentro los 6 que logramos cuadrarnos a no más de 5 c.m. del ingreso, una chica se baja odiando al de pijama “dejar salir es entrar más fácil” no ha de ser de acá, esa lógica no funciona mucho por estas tierras como otras lógicas que me han ido cambiando y luego hablaré de ello.

Vamos andando, y empieza el baile de cuerpos como una sola masa armada por masas de diferentes kilajes, una masa que se mueve, se acomoda y se reacomoda pasando por el cuerpo a cuerpo de diferentes “texturas”. De estación a estación pasan dos cosas:
A veces aparentemente nadie se bajó y no cabe un alma más, pero como pueblo bien creyente y con la seguridad de que vamos a caber todos en el cielo, más masas logran distribuirse y compactarse con las que ya estamos.
Otras veces se siente como la llave del grifo se abre con la apertura del trasmilenio y hay que luchar fuerte con la corriente que se crea, para poder permanecer adentro y guardar el territorio ganado que has ido conquistando. Ya que no es lo mismo ser el que está adentro al recién llegado, eso es claro para nuestro instinto animal en cualquier territorio.

Pasan las estaciones pero no las cuadras y ya vamos llegando a la escuela militar, en carro cuando veo este largo paredón siento que ya llegué a mi trabajo, pero ahora se me crea una terrible consciencia de estar en la calle 80 y que me dirijo a la 22. Cincuenta y ocho cuadras faltan de nuevos cuerpos con nuevos cuerpos, del infinito baile de masas. Cincuenta y ocho cuadras de olores que se mezclan, de tacones que te recuerdan que estás viva y alerta para cuidarte de todo los que los habitantes natales te dicen que te debes cuidar, aunque a tu alrededor veas gente que ha desarrollado diferentes habilidades con la repetición de sus recorridos. 

Entre otras habilidades a parte de la de carterear que es la que más se ha dado a conocer por medio del boca en boca, se encuentra la de dormir, es increíble como en la compresión de las masas, hay habitantes que se relajan en un inconsciente acto de confianza, sí, acá en la ciudad en la que todos desconfían de todos, las necesidades fisiológicas permiten crean una expresión desapercibida de lo que para muchos expertos de terapias, coaching, fortalecimiento de parejas es la mayor prueba, relajar tu cuerpo y confiar en que el otro te sostendrá, así como lo hacen las estrellas de rock con sus fans pero con menos parafernalia, cada ciertos cuerpos logras ver otros que cierran sus ojos y aprovechan el baile de masas para relajar su cuerpo y robar al sistema de vida de la gran ciudad unos minutos de descanso.

He llegado a la Calle 22 las puertas se abren, me bajo con las diferentes voces que me repiten en mi cerebro que esta es una zona de tolerancia, que no se me ocurra bajarme y que tenga especial cuidado. Busco como tomar el K10 hasta Centro Memoria, ciertas personas empiezan a correr a mi alrededor, esta actitud ya la identifico: ¡viene el metro! Ahh no, un trasmilenio marcado con el K10 me uno a la carrera, alcanzo a entrar, una estación más y estaré bajándome en la esquina de la calle 26 de mi trabajo. Que bueno … solo es media hora de retraso, pensé que podía ser peor.

jueves, 9 de junio de 2011

Intoxicada de vacío al comprender que solo había vacío.


Por años arme un hogar, lo amoblé con sillas cómodas para reposar viendo al cielo, el techo fue construido con ese material que permite cubrirse de la tempestad pero no obstaculiza que los sueños se eleven de cara al sol o a la luna, según como deba de guardarse para poder creer que serán cumplidos. 

Por años lo decoré con palabras bonitas y como buena matita se embellecía de cumplidos y se coloreaba de sabores, hasta aprendió a tongonearse divertidamente.

Por años me volví coleccionista y el hogar se llenó de cajas, de diferentes tamaños, formas y colores; coleccionista de momentos, de sonidos y de promesas; coleccionista de palabras y canciones, de imágenes de presente que se convertían en pasado y de pasados que en silencio, seguían aguardando futuros.

Luego llegaron días para cubrir, empecé a taparlo todo, hoy la verdad no sé sí para: protegerlo, guardarlo o desvanecerlo.

Hoy la verdad no sé, por qué hay días que levanto levemente las cubiertas y me asomo para transformarlo todo en dolor.

Dolor de Vacío, cuando doy con esas cajitas que estoy segura rotulé y algo deposité, pero a la vuelta de la ojeada no sé haya nada.

Dolor de Aridez cuando veo que los puños de tierra fértil, sí sabían crecer hacia el cielo y entregar flores bellas de colores dicientes y que fue solo en mis cajitas donde se mantuvieron color tierra infértil, tierra inexpresa de hoy y ayer.

Dolor de Desojo ese que deshoja los recuerdos del alma, cuando te das cuenta que ya no se encuentran ni las miradas y mucho menos el recuerdo de que alguna vez se encontraron. Y solo encuentras por qués sin respuestas, que te retornan a Dolor de Vacío.

Y finalmente, solo por nombrar un fin, porque Dolores es coqueta y sabe llegar más, hablaré de Dolor Fisgosón ese que se fisga entre todos los rincones de las cajas y tiñe a presente de forzados ahoras fingidos.

lunes, 2 de mayo de 2011

Una piedra enamorada


Como piedra, en el camino, entre azares y destinos un día saltó, por cosas que solo el viento, arenillas y trochas saben ahí se instaló, en ese zapato y entre esa piel de ese pie, camino emprendió, se sentía confortable y bien tratada, por lo que un día se enamoró.

El caminante seguía sus pasos y con los dedos corría la piedra, esta pensaba: que bueno juegan conmigo, creo q le caigo bien. La piedra se divertía recorriendo el pie.

El caminante sacudía su pie porque no aguantaba los tallones y la piedra se deslizaba de arriba a abajo encontrando nuevos lugares. Ella pensaba: este caminante realmente disfruta estar conmigo, quiere cerciorarse de que lo conozca bien.

EL caminante cada vez, agotaba su paciencia y sentía más molesta a la piedra acompañante, que cada vez se prendaba más de él. Ella quería tener más y más contacto con su piel, pero sin ser consciente de su forma tosca, de sus puntas lastimeras y su dura forma, lo único que lograba era que el caminante hasta al paso le cogiera fastidio.

Un día sin más, en una parte del camino él paró, deslizó el zapato y en alto, de frente al camino, con dos golpes secos, sacó la piedra. Ella sin más rodó, en una caída libre y llena de vacío, sintió el aire frente al rostro hasta llegar al suelo y ahí al lado del camino, sola se quedó.

domingo, 27 de marzo de 2011

Lista de placeres


Hace un año, enlisté placeres que llenan de un estado de comodidad al alma, un año después siguen siendo los mismos, aquí van:

Caminar… en un jardín, en la arena, frente al viento, hacia horizontes.

Coleccionar… conchas, piedras, listas, historias, rostros, cosas hermosas.

Estar mucho rato inmersa en el agua, bajo la ducha sintiendo como corre el agua en mi, inmersa en una piscina con la sensación de blanco en mis pensamientos, inmersa en una tinaja… cuando muera espero ser esparcida en el agua con su infinito movimiento de paz.

Repito, inmersa, pero con acción… nadar… es como estar en una burbuja azul, exclusiva, con mi silencio.

Bailar… sola, acompañada, en todas partes.

Montar en bici, recorrer, llegar, subir - subir - subir, en la ciudad, en la trochas, en el día, en la noche, hacia lo cotidiano y en listando nuevos caminos.

Estar abrazada.

Escuchar el silencio… los propios y los compartidos.

Escuchar el viento.

Escuchar instrumentos.

Escuchar el murmullo de la ciudad.

Escuchar el murmullo del mundo natural.

Ver velas encendidas.

Ver bailar el fuego.

Ver el atardecer… también el amanecer pero el placer del atardecer ante mis ojos es la vida bailando con futuro de paz.

Hacer el amor… también hacer el sexo, pero el placer de hacer el amor hace que el cuerpo vibre de adentro hacia fuera en un recorrido completo de olores, sabores, colores y sentires, que elevan a otro estado no terrenal.

Recibir un mensaje en carta, en sms, en mail, en tweet, en nota… el conjunto de letras que otro crea para mí.

Acariciar otra piel… recorrerla, aprenderla, verla cambiar.

Cosquillas… suaves por toda mi piel.

Leer… acurrucada, expandida, al aire libre, en casa, en el baño, en hamaca, en el suelo, en el pasto.

Dormir en el exterior, al aire libre… con la brisa, sol en cara o luna en cara, con los sonidos del afuera.

Buenas conversaciones… que el tiempo se escurra entre palabras de buenas charlas. 

Comer… saborear placeres papilares como el chocolate, vino blanco, picantes y ácidos, fiestas de sabores en la boca.

Dejar los pies en la orilla y sentir como el agua del mar va y viene sobre ellos y como van sumergiéndose en la arena.

A la puerta del inicio de una década nueva esa es mi lista de placeres… en diez años volvemos a hablar.

lunes, 3 de enero de 2011

Esto te lo escribí el 12. 18. 2010


Alejandra, Alejandra, tu estado, tu nuevo estado y no temporal estado, me recorre de tantas formas que no alcanzo a imaginar tu interior  y tus recorridos propios. 

Tres días atrás comprábamos el regalo que obsequiaríamos en el matrimonio y veíamos ese niño que entre su inocencia y paciencia de los papás, nos hacían sonreír y pensábamos, de boca afuera, así, las dos: llegan a ser lindos, así, de lejos. No sé si tus enzimas ya avisaban a tu cerebro que algo sucedía, no sé de boca adentro que vivías, al igual que ahora no lo sé. 

Los primeros tres días lloré todo el tiempo, me estresaba tu futuro como si el mío se comprometiera, luego comprendí el miedo propio, ese que me hace ver que no nací para tal papel que la sociedad y el sistema natural nos dio. Gusanit@, Guadalupe o Benjamín, te hará sonreír sin parar, pero a su vez me coloca de frente a mí misma, la que no sabe, si de verdad disfrutará tanto como cree, el camino a la soledad que se auto arma en cada acción. 

Sea como sea desde mi estado yo centrista, me aparto de mis ataques propios de valores para soñar con vos y disfrutar la nueva forma de tu futuro que a ratos se tropieza con el mío.    

domingo, 14 de noviembre de 2010

rumiándome


Dosmilnueve fue un mes vacío de palabras,  dosmildiez no se ve más prometedor, y frente a mi hoja en blanco a forma de confesionario, replanteo mis posibilidades de escribir un “algo” aprovechando mi incapacidad para ejercer mi cotidianidad, he adquirido hábitos que supongo me generarán herramientas para trasladar a símbolos visuales algunos elementos de mis pensamientos, enlisto palabras que me seduce pronunciar, ver o transformar, leo maravillas que envidio escribir y simplezas que me maravillan, vuelvo al papel en blanco que me ve con una cara tan en blanco, defino problemas: es que no tienes un estilo claro o escribir debe ejercitarse como dedicas tiempos reales a la bicicleta, funciona como un músculo más, me culpo y teorizo pero “musa” no llega y mi blog muestra vacíos, que hacen los años inhabitados.

No quiero llenar mi blog de palabras vacías pero quién soy yo para juzgar que lo dicho en el dosmilocho era digno de ser publicado.

Parece que mi elefante transforma sus plumas a blancas o que mi cerebro perdió la acción vanidosa de expresarse en letras.         

...

jueves, 28 de enero de 2010

dos últimos suspiros


Así fue como terminé repasando uno a uno mis movimientos, lo había visto cien veces en películas pero nunca creí que fuese tan real, en un segundo pude ver en mis ojos el estallido de fotogramas que como un tercero se abstraían de mi para relatarme mi propio día, el olor de sangre se confundía aún con tu perfume que revivía en mi las sensaciones espasmódicas de mi estómago, sensaciones que alguna vez me advirtieron como tu sonrisa que abría puertas al cielo, me había congelado la vida para siempre en tus brazos, que mi último suspiro te pertenecía, así como tu último aliento a mí. ¿De quién era esa canción? - ya sabés que soy malo para los nombres- pero tus brazos, que rodeaban mi cintura se fusionaron a mi cuerpo como el ritmo de ese bolero suave que contradecía el ritmo habitual de tus caderas, ay Rosa, ¿porqué decidí seguirte?-ya sé, ya sé que creés que siempre fui desconfiado, pero te juro que de vos nunca desconfíe, de Rafa siempre, yo lo conocía y vos también- fue por eso que sin pensarlo dos veces me encontré caminando con prevenida distancia detrás de ustedes, un poco lejos para no ser percibido pero no lo suficiente como para no entender el ritmo presumido en que tus caderas se encendían a la vez que impregnabas de color tus mejillas y labios -siempre te lo dije, ese carmesí transformaba tus pequeños labios en una hoguera digna para que cualquier hombre de buena cordura pudiera morir.- Después de pocas cuadras ingresaron por esa estrecha puerta de la que a su vez salían individuos rebosantes de ese aire que sólo da horas de buen amor –si Rosa, me conocés bien- mi corazón acelerado desdibujaba los botones para abrir tu camisa holgada que dejaba ver el inicio de tus senos y mi mano temblaba del mismo modo que cuando te tocaba pero con el odio intenso de saber que otro te acariciaba. Ahí estaba yo entrando por la estrecha puerta que conducía por unas escaleras pendientes hasta un tercer piso, ya mi mente se nublaba, los escalones desaparecían, al igual que toda la gente que en el lugar se encontraba, yo sólo podía ver a Rafa guardando el dinero acabado de recibir, con esa sonrisa levemente torcida que acompañaba el estrechar de la mano del hombre que con su mano libre tocaba grotescamente tus nalgas y te llevaba a la pista –yo lo sé Rosa, sí, estábamos a punto de enloquecer sin dinero, sí, ya no creías en ninguno de mis negocios, sí estábamos perdiéndolo todo pero nosotros Rosa, nosotros y nuestro amor- tomé sin ser consciente de que tomaba, el cuchillo de una mesa –en la cual cenaban todo eso que tu y yo ya no podíamos cenar desde hacía un tiempo- te abracé por la espalda y te pregunté: ¿Qué hacés Rosa? ¿Qué hacés?, contestaste: de sólo amor no se alimenta el cuerpo, tenemos que sobrevivir –y no me digás que eso es respuesta tuya, así fue como te convenció el Rafa, eso te hizo pensar.- Así estábamos, mi abrazo te sostenía al ritmo de una canción, de la cual no quise aprender su nombre intencionalmente, yo te desprendía lentamente de ese cuerpo ajeno a los dos y te recibía en mi, mientras te desvanecías, vi como tu último aliento se agitaba y salía por la ventana, corrí a atraparlo –no me gocés Rosa que siempre fui claro, te dije que amaría hasta tu último aliento- y sin más, estoy extendido frente a nuestro inmenso cielo, desde acá alcanzo a ver la estrecha puerta por donde todos tratan de salir a la vez, sintiendo el último abrazo que te di, recorriéndonos en el tiempo y rogando, porque las sirenas que empiezo a oír se demoren un poco más en llegar, para que mi suspiro pueda alcanzar al tuyo, y sí Rosa, de amor vivir.

jueves, 9 de octubre de 2008

4-0


Cuando era niña mis abuelos ya eran viejos, viejos ante mis ojos de niño, así fui creciendo y mis ojos dejaron de ser de niño, pasaron a los de adolescente, luego fueron jóvenes y después un poquito más.

En cada momento mis abuelos seguían siendo viejos, pero nunca más viejos de lo que eran con mirada de niño, yo era consciente de mi crecimiento, de mis cambios, pero ellos seguían siendo mis abuelos, ahí, se quedaron, en el tiempo que los conocí, permanecieron inmutables, a través de los años.

Yo creo que a ellos les pasaba algo igual porque a pesar de mis cambios visibles, yo seguía siendo nieta, pequeña siempre para ellos, con sus cuidados, con sus ternuras y mimos aunque mis problemas cambiaran y pasaran de "que dulce elegir", a que "carrera elegir" y a otros que aparecen solo en eso del hacerse grande. Ellos seguían protegiendo al nieto, al pequeño, al que le resuelven todo con un amor casi irreal, ese que les da el don de ser abuelos. Ese amor que se expresa con las comidas que saben a ellos, con los abrazos que te dicen que sigues siendo un niño, con el arte que cada uno trae en sus manos, arte de hilos, arte de buñuelos, arte de maderas, arte de historias, arte de juegos, arte de música, arte don de cada abuelo.

Entonces comprendí que crecer trae tiempo y que el tiempo nos pasa a todos, cuando desperté y mi abrazo no tenía a ningún abuelo, que mi nariz no encontraba el olor a abuelos, que deje de ser mijita y ya sólo puedo ser hija y algún día sólo seré yo.

Pasó el tiempo y quedamos 4-0.

CIELO 4
YO 0

que año tan muerto


De repente las hojas dejaron de moverse, los largos árboles ya no pendulean más, un silencio aturdidor se ubico desde el centro de la ciudad hacia todos sus alrededores; caminos, veredas, calles, edificios, centros comerciales, todo quedó en un silencio tal que ante la vista parecía la aparición de la cámara lenta. Los ancianos no caminan lento sino re-lento y los jóvenes ya no corren. Dejó de caer lluvia, aunque su presencia podría hacer del año más muerto, podrían usarse esas frases que a los ecologistas tanto les gustan, como el cielo no ha parado de llorar, la tierra gime o quién sabe qué más. Pero a su vez tampoco caen rayos de sol, los pájaros no trinan, tampoco vuelan parecen estatuas que hacen parte del paisaje citadino, algo así pasa con el resto de animales, los murciélagos se ven a todas horas pendiendo de su pies, eso sí, sin movimiento alguno, las hormigas quedaron haciendo caminos, los perros y los gatos ya no se pueden perseguir pero estos por estar más humanizados que animalizados no quedaron estáticos paisajeando, sino que simplemente andan como los viejos, supongo que se igualaron a estos y no a los jóvenes por eso de la sabiduría.

Los colores en esta ciudad, que vive este año, no podían quedarse atrás por lo que ellos se tornaron lavados, ese lavado que no es opaco pero que tampoco brilla, ese lavado en el que todo parece de una misma gama, ya no hay pasteles, ni cítricos, tampoco incandescentes. Pero entiéndase bien, ya que no he dicho que el fucsia desapareció y tampoco el azul cama cuna y sus congénitos. Bueno, ese no es el año muerto del que hablo, porque si fuera éste, sería divertido, aquellos que sufrían de vértigo por los árboles y sus penduleos no se vertigearían más, por ejemplo, el mundo y nosotros descansaríamos de los extremos sonidos. Con la cámara lenta podríamos observar agudísimamente los instantes, los cuales a su vez podrían llamarse algo como instaantes. Si fuera así la muerte de este año, los viejos habrían encontrado la real paciencia de la vejez, no la forzada por el cuerpo y los jóvenes tendrían algo de viejos o sea que le habrían ganado a aquel dicho que dice: quisiera la fuerza juvenil con la paz y conocimiento del viejo, -si ya sé, así no dice, pero palabras más aquí o allí en síntesis dice algo así-. Con lo de la lluvia y el sol, pues bueno, ya todos andarían felices, aquellos que odian sentir caer la luz sobre la frente al igual que aquellos que huyen antes de derretirse cuando el agua cae, -es que uno huele tan maluco cuando se moja y se seca en la calle-, pensándolo detenidamente este es el punto que mayor alivio social traería, ya que no habría que respirar el aire caliente exhalado por los otros en los buses ensardinados herméticamente los días lluviosos, ni tampoco habría que preocuparse porque si se decidió salir de manga larga a la calle “¿será que sale el sol más tarde?”, en fin espero tratar el tema concienzudamente en otro momento. Lo que sucedió a los animales también tiene sus pros, algunos contradictorios, como aquello del trinar, que como alegraban a la vieja carola estos sonidos tempraneros de sus cantores pero a juan, su vecino, que lo que realmente amaba era dormir hasta tarde, como le disgustaba éste despertar. En todo caso, ese nuevo paisajismo “viviente” de lo natural en todos los lugares de la ciudad le dieron una connotación real a aquello de la selva de cemento pero por un realismo natural.

En fin, éste año tan muerto no vivió así realmente. Éste año en realidad sintió una serie de desvanecimientos, una aparición espontánea de ausencia de seres, quizás todo empezó en una cuadra y de ahí se irradió al resto del país, aunque yo sólo puedo dar fe de mi ciudad pero las noticias apoyarían éste fenómeno diciendo que fue en el mundo. No seré puntual con las explicaciones de cuál fue la cuadra, porque lo último que necesitan, después de vivir sus pérdidas los condolientes de ésta, sería una multitud enardecida con la necesidad de encontrar culpables para alivianar el dolor de la perdida y menos aún porque estas pérdidas pertenecen a un paso natural, no quiero decir que las otras no lo sean, finalmente es la muerte lo más natural de todo lo que vivimos, pero es que esta era una cuadra con muchos viejos. El inicio de esta secuencia de pronto para algunos está bien, ya que desapareció el viejo de la casa encercada que siempre tenía una buena blasfema (sin una mala intención), que perseguía a los niños con peinilla en mano (no para peinarlos por su aspecto rebujado) y remitía en el siglo XXI a una estampa militar de la segunda guerra mundial y aunque en realidad entre estas dos épocas no han pasado 100 años, la mayoría de los nosotros, conocimos soldados que no se despeinan por estar rapados, no como los de antes, que el no despeinarse se debía más a su temple y rigor, pero así fue, con el hombre de pequeño bigote y pelo perfectamente peinado, de mirada fuerte al igual que la mano, empezó todo; poco después desapareció una de las dos viejas que se sentaban en las tardes a mirar el horizonte que ya había desaparecido con una serie de edificios, pero que igual serían mirándolo todas las tardes y hablando de aquellas cosas que sólo ellas saben o quizás ellas y todas las viejas que también tienen un horizonte para ver y hablar; de todos modos un día sólo... solo quedó viendo ese horizonte una, porque la otra se desvaneció, quizás se fundió con él y por eso su amiga seguía sentándose a verlo en las tardes con esos ojos azules que también se fundían ahí, solo por unos instantes, pero un día esa nube de ojos azules se esfumó, dicen que lo primero que se dejó de ver de ella fue el brillo azulejo de su mirada, que cerró sus ojos varios días en un hospital, no se sabe si invocando a todos sus muertos para que vinieran por ella y la acompañaran en el caminar, o tratando de ignorar el momento ya inevitable de tener que ir por ese camino que sólo se anda una vez, pero también cuentan que lo último que se vio de ella cuando emprendió el camino, fueron sus azulejos y que ese día fue el día que más bellos brillaron. Para esos mismos días, en esa misma cuadra, otros viejos se ausentaban, pero en otra cuadra de Medellín dos señoras más aumentaban desvaneceres, eran de esas mujeres que vieron crecer el barrio y se despedían ahora de los que hicieron crecer, la primera fue acompañada rápidamente por un hijo pero la segunda fue sorpresiva y en un parpadeo ya no estaba más, ésta casa, su casa, vive una posrevivencia o remembranza, la madre se ha ido, pero religiosamente todos los hijos los fines de semana visitan la casa materna y sus paredes vibran, mantienen el calor y sonríen dando la bienvenida, ¿será que los objetos también extrañan lo vivido?

Desvanesencia siguió su camino y llegó a un pueblo (que es casi parte de la ciudad) entonces desapareció la señora amada por todos, ese día la iglesia central no daba abasto, todos sabían los sucedido, y todos acompañaban a todos aunque como es normal unos sufrían más que otros y otros quizás ni sufrían, pero fueron muchos los que acompañaron esta despedida. Y entre las últimas ausencia, esta una de gran nobleza, llorada por menos ojos, dicen que las grandes cosas sólo unos pocos tienen el amparo de verlas, es un hueco de esos que casi nadie entiende y esta vez el silencio no se apoderó de toda una ciudad, tampoco de un pueblo, ni siquiera de un barrio, tan sólo de un apartamento y particularmente de una pieza, ésta desvanesencia ya no deja repetir las uñas contra el baldosín, ya hace que los zapatos permanezcan donde nos los quitamos, ya no hay disculpas para salir a ver el barrio de noche y tampoco en las mañanas, tampoco hay ya, fiestas al abrir la puerta de la casa, que minimeses dirían y sí, desvanesencia se llevó estas y tantas otras minimeses, pero ¿qué sería de la vida sin sus minimeses tan esenciales y vivientes? Minimeses como los segundos, que pasan y llegamos a días, días en los que desvanesencia continúa su paso, se crean nuevos silencios, y la vida se transforma en recuerdos.